Javier R Pérez-Curiel
“(…) continuar desarrollando una práctica que tiene como eje central la relación entre los espacios habitables y las formas de vida que los constituyen y los atraviesan.
En mi práctica artística me interesa investigar y representar los espacios de actuación de las personas: aquellos que actúan como extensión de sus posibilidades de acción, de sus relaciones y de las implicaciones que el entorno tiene sobre su forma de vida y, por tanto, sobre su pensamiento.
Me gustaría desarrollar este proyecto en Almería, investigando desde la práctica artística los modos en que el entorno —clima, configuración laboral, historia del territorio— influye en la conformación de los espacios habitables y de trabajo. Las condiciones geográficas y sociales de Almería, con su historia marcada por procesos migratorios, sistemas agrícolas intensivos y una arquitectura adaptada a un entorno árido, ofrecen un contexto particularmente fértil para repensar las formas de habitar y los límites entre lo público y lo privado, lo colectivo y lo individual.”

Almería se encuentra en un momento de transformación visible. Obras abiertas,
infraestructuras en proceso, desvíos constantes. Esa condición provisional dialogaba con mi propia metodología de trabajo: no parto de un proyecto cerrado, sino que avanzo desde el recorrido, la prueba y la deriva. Mi intención inicial era seguir investigando la relación entre espacios habitables y formas de vida, pero fue el propio contexto el que terminó marcando el eje de la investigación.
En los primeros días recorrí museos y enclaves patrimoniales guiado y en compañía del tutor asignado: el Museo de Arte de Almería, el Arqueológico, el Centro de Interpretación Patrimonial, La Alcazaba y el barrio de Las Chancas. No buscaba acumular información, sino comprender cómo la ciudad se representa y se proyecta. Desde La Alcazaba, la ciudad se despliega entre mar y horizonte agrícola. El patrimonio convive con procesos de turistificación y con tensiones económicas que afectan directamente a la habitabilidad. La residencia comenzó antes de mi llegada física, con el envío de un cuestionario y la lectura de Campos de Níjar. En el texto ya encontré el viento como uno de los protagonistas del territorio. No sabía entonces hasta qué punto esa presencia iba a atravesar toda mi experiencia por azar. Coincidiendo con mi estancia llegaron varias borrascas. El viento fue una experiencia constante: silbaba en las ventanas, atravesaba la noche, movía estructuras. Recordé el pasaje de Goytisolo sobre la acción sostenida del viento, la arena en suspensión y las afecciones oculares que marcaron la provincia. El viento como agente erosivo, pero también como condición estructural del paisaje.


Comencé a pensar en el viento como material, como ya he usado anteriormente en mi práctica. Desplaza partículas, pero también desplaza mercancías. Almería es un nodo logístico fundamental: miles de camiones salen diariamente hacia Europa cargados de productos agrícolas. El aire que atraviesa el territorio dialoga con otra circulación más amplia: la del capital, la del consumo, la de las redes de distribución.
Gracias a la tutorización desde FOIE pude visitar un invernadero en Celín. Allí comprendí la dimensión arquitectónica del sistema productivo. El invernadero es una piel tensada, una estructura vulnerable que debe repararse continuamente frente al viento. De distintos materiales plásticos, entre ellos la rafia, el invernadero vibra, la luz se filtra, el sonido del aire golpea la superficie. Grabé la explicación del funcionamiento, pero el archivo se perdió. La pérdida reforzó la idea de que el sonido ya estaba incorporado al cuerpo; no necesitaba archivo para seguir trabajando. Pero durante mi visita también recorrimos las
calles que se llegan a formar entre los invernaderos y recogí los sonidos del viento activando el plástico.
Me interesó esa arquitectura efímera y mantenida. No monumental, sino frágil y constante. Pensé en la relación entre ese espacio y las formas de vida que lo sostienen: migraciones, jornadas extensas, economías intensivas. El mar blanco de los invernaderos, visible desde la distancia, es la manifestación física de una red global.




En paralelo desarrollé una práctica de deriva urbana. Caminar sin objetivo fijo,
permitiendo que el espacio activara el pensamiento. Observé parques cerrados para protegerlos del viento, hojas de ficus dibujando formaciones sinuosas ente la acción del viento y el espacio urbano, solares vacíos en espera de transformación. Las obras públicas alteraban recorridos y generaban pequeñas experiencias de extrañamiento.
La deriva no es dispersión, sino método. Un modo de conocimiento no jerárquico que permite el hallazgo inesperado. En el arte, el uso desviado adquiere sentido; el no-objetivo abre posibilidades. Frente a la lógica teleológica del progreso, la deriva propone atención y apertura.
En ese contexto apareció un objeto que se convirtió en central: las bolsas reutilizables de supermercado, especialmente las de rafia. Son dispositivos de transporte, pero también soportes de imagen y publicidad. Transportan productos que muchas veces proceden de la propia provincia y regresan transformados en marca.
Comencé a comprar bolsas y a utilizarlas como cometas. Las elevaba en espacios abiertos y dejaba que el viento las tensara y deformara. Ese gesto transformaba un objeto de consumo en dispositivo escultórico. El viento se hacía visible; la circulación de mercancías encontraba un eco atmosférico. El transporte logístico se convertía en transporte aéreo.
El sonido fue consolidándose como otro eje fundamental. El viento no solo se ve, se escucha. En la casa, en el invernadero, en la calle. El aire exterior se mezcla con el aire respirado. Desde el pulmón, ese mismo aire se convierte en voz. Pensé en el aliento como vínculo común, como materia compartida.
Esto me recordó a una performance que realizo AEIO. Invitamos a distintos participantes de Almería a formar un coro basado en la prolongación de vocales tras hablar sobre deriva, viento costumbres, ciudad, procesos desde la práctica artística entrelazándose en lo social. AEIO explora la organización colectiva y la expansión del aliento individual a través de redes digitales. No era una melodía, sino una masa sonora donde el aire se hacía audible como experiencia compartida de manera presencial, no en las redes, sino usando las redes como una herramienta, no como un medio.

La performance activó una dimensión comunitaria esencial. Las voces locales aportaron matices, respiraciones distintas. El viento exterior encontraba su correspondencia en el flujo interior de cada cuerpo. El sonido, el vídeo y la presencia física se consolidaron como herramientas de análisis y producción.
Paralelamente inicié la producción de un artefacto que sintetiza la experiencia vivida: una pieza que dialoga con el viento, la circulación, el espacio vacío y la arquitectura productiva. Aunque su finalización requiere un tiempo adicional por cuestiones logísticas, durante la residencia se definieron sus bases conceptuales y materiales. La tutorización desde la residencia ofreció un marco de desaceleración necesario. No se exigía un resultado inmediato ni un proyecto previo cerrado. Se favoreció la escucha, el diálogo y la posibilidad de que el contexto afectara directamente al proceso creativo. Las conversaciones sobre urbanismo, economía agrícola y cultura contemporánea ampliaron
mi comprensión del territorio.
El viento, más que un fenómeno meteorológico funcionó como material concreto y como metáfora operativa. Erosiona, transporta, desplaza, suena. Obliga a tensar estructuras y a cerrar espacios, pero también permite elevar una bolsa y convertirla en cometa; permite que una vocal sostenida viaje de un cuerpo a otro.
Mi experiencia en Almería es una experiencia de fricción: entre clima y economía, entre paisaje y logística, entre discurso y deriva. La residencia no supone el cierre de una obra, sino la apertura de un proceso que continúa. Salgo con una comprensión más profunda de cómo el entorno configura las formas de habitar y de cómo la práctica artística puede activar esas relaciones.

